Detrás de cada sobre hay gente que caminó el barrio primero. Diseñadores de juego, cartógrafos aficionados y coordinadores de campo prueban cada acertijo en la calle, miden tiempos entre plazas y esquinas, y verifican que las consignas fotográficas se puedan cumplir sin invadir propiedades ni cruzar zonas complicadas.
Cada acertijo se resuelve primero a pie, con el sobre en la mano y cronómetro. Si una referencia urbana cambió de lugar o un cartel ya no está, la pista se reescribe antes de publicar el circuito.
Registramos cuánto se camina entre una parada y la siguiente, dónde conviene apurar y dónde bajar el ritmo. Eso define la dificultad real de cada edición, no una estimación de escritorio.
No es lo mismo una familia con chicos, un grupo de amigos que se conoce de memoria o un equipo de empresa chica. Cambiamos cantidad de pistas, extensión del recorrido y tipo de consigna para que la jornada cierre bien.
Probamos los tramos de día y con lluvia leve, revisamos que el celular sea solo un apoyo y que las coordenadas sigan vigentes. Cada temporada se renuevan circuitos y se vuelve a validar todo en terreno.
Si querés entender el criterio completo detrás de cada armado, está desarrollado en servicios y en la propuesta general.