Trabajamos con comercios de barrio, centros culturales, plazas administradas por municipios y empresas chicas que ceden su espacio o su logística para que el recorrido funcione. No hay contratos de patrocinio con grandes marcas ni acuerdos publicitarios: son vínculos concretos con gente que conoce la zona y nos ayuda a mantener las postas en lugares seguros y accesibles. Cuando un local presta su vereda como punto de control, avisamos a los equipos que ahí se puede preguntar sin interrumpir la atención. Lo mismo con las plazas: pedimos permiso de uso, definimos horarios y dejamos todo como lo encontramos.
Almacenes, librerías y cafés que aceptan ser punto de referencia durante una posta. Nos confirman disponibilidad por temporada y avisan si cambian de horario. A cambio, los equipos saben que pueden entrar a preguntar sin comprar nada y que no se permite dejar residuos ni usar el baño sin pedir permiso.
Espacios que abren sus patios o fachadas como parte del circuito. Coordinamos con anticipación qué zonas se pueden fotografiar y cuáles quedan fuera de las consignas, para no molestar a quienes están trabajando o estudiando adentro.
Pedimos autorización de uso para las postas que se resuelven al aire libre. Definimos franjas horarias, evitamos las horas de mayor calor y dejamos claro que no se trepa a monumentos ni se cruza por canteros. Si hay actividad vecinal ese día, movemos la posta.
Equipos de trabajo reducidos que reservan una jornada para su propio grupo. Nos cuentan cuántas personas son y qué zona les queda cómoda; nosotros armamos el recorrido y las pautas de circulación. El local de la empresa no se usa como posta: se sale a caminar.
Personas del barrio que nos escriben si una vereda está cortada, si hay obras o si alguna esquina se vuelve complicada a cierta hora. Esa información entra directo en las pautas de seguridad de la edición siguiente y nos ayuda a no mandar equipos a zonas que no corresponden.
Cada edición tiene un punto de contacto que responde el teléfono mientras se juega. Si un equipo se demora, si alguien necesita ayuda o si hay que suspender una posta por tormenta, se avisa por ahí. Los comercios y espacios aliados tienen ese mismo número para consultarnos en el momento.
El recorrido se hace caminando y cada equipo marca su propio ritmo. Si una persona necesita parar, el grupo puede esperarla sin problema: no hay premio por llegar primero. Avisamos al punto de coordinación por celular y seguimos cuando estén todos. Nadie queda solo en la calle.
Las consignas apuntan a fachadas, carteles, baldosas, árboles y detalles del espacio público. No se retrata a vecinos ni a transeúntes sin permiso, y si alguien aparece en el cuadro por accidente, se borra la foto y se repite la toma. Tampoco se ingresa a comercios ni a propiedades privadas para conseguir una imagen.
La posta se suspende. Avisamos por los canales de contacto con anticipación si el pronóstico es complicado, y en ese caso se reprograma la fecha o se devuelve la inscripción según corresponda. Preferimos mover la salida antes que exponer a los equipos a una calle mojada con poca visibilidad.
Se usa como apoyo: para avisar al punto de coordinación si un equipo se demora, para consultar el mapa cuando una pista no cierra y para emergencias. La idea es mirar la ciudad, no la pantalla. Hay un número directo activo durante toda la actividad y conviene tenerlo agendado antes de arrancar.
No. Se camina por veredas, se cruza en esquinas habilitadas y se respeta el semáforo. No se corre en calles con tránsito, no se sube a muros, monumentos ni rejas, y no se atraviesa ningún espacio señalado como riesgoso. El desafío está en resolver las pistas, no en la velocidad física.
Se define el barrio, la cantidad de participantes y la duración de la jornada. Después armamos el circuito con consignas adecuadas al grupo y coordinamos la fecha. Sirve tanto para un equipo de trabajo como para un grupo de amigos o una salida familiar. Podés escribirnos por correo o llamarnos para ver disponibilidad.
No pedimos que nos creas por lo que decimos, sino por cómo trabajamos cada salida. Estas son las decisiones concretas que sostienen una cacería urbana ordenada, respetuosa con el barrio y previsible para quien se anota con chicos, con amigos o con compañeros de trabajo.
Cada recorrido se camina completo al menos una vez antes de abrir la inscripción. Se revisan veredas rotas, cruces sin semáforo, obras nuevas y locales que ya no están. Si un tramo deja de ser seguro o pierde sentido, se cambia de calle sin aviso previo al equipo: la prioridad es que el sobre tenga solución real sobre el terreno y no solo sobre el plano.
Trabajamos con equipos de tamaño acotado y un punto de coordinación identificable durante toda la actividad. Eso permite que un grupo que se demora, se pierde o necesita ayuda tenga a quién avisar sin depender de un chat general. No hay una multitud suelta por el centro: hay equipos con referencias claras y un responsable que sigue el pulso de la jornada.
Antes de repartir el sobre repasamos las reglas básicas: caminar por vereda, cruzar en esquina habilitada, no entrar a propiedades privadas y no molestar a vecinos ni comercios. Las consignas fotográficas no retratan personas sin permiso y se evitan zonas marcadas como riesgosas. La ciudad no es un decorado: es el lugar donde vive gente que no eligió jugar.
El teléfono se usa para emergencias, para avisar al punto de coordinación y para consultar una coordenada puntual. La resolución del recorrido pasa por mirar fachadas, carteles, numeraciones y plazas. Esa diferencia es la que hace que la experiencia no se convierta en otra actividad de pantalla, y también la que permite que un equipo se comunique de verdad en lugar de repartirse en silencio.
No se corre en calles con tránsito, no se trepa a muros ni monumentos y la posta se suspende si hay tormenta fuerte. Cuando el clima obliga a reprogramar, se avisa con antelación y se ofrece nueva fecha. Preferimos mover una jornada antes que forzar un recorrido en condiciones que no controlamos.
Cada temporada cambiamos circuitos y consignas para que volver a jugar no sea repetir. Publicamos fechas abiertas para quien se suma solo con su grupo y fechas privadas para empresas chicas que quieren una jornada a medida. Si querés ver el formato completo antes de decidir, podés revisar los servicios disponibles o conocer el enfoque de trabajo.
Hay cosas que preferimos dejar por escrito y no libradas a la interpretación de cada equipo. No son reglas para complicar la salida: son acuerdos simples que hacen que la cacería funcione igual para todos, sin sorpresas ni malentendidos a mitad del recorrido.
Cada circuito tiene una ventana de juego definida antes de arrancar, y el equipo la conoce desde el primer minuto. No se trata de una carrera contra reloj ni de un ranking por velocidad: el límite existe para que la jornada tenga un cierre ordenado y para que nadie siga caminando de noche sin avisar. Si un grupo se demora, puede escribir al punto de coordinación y se evalúa cómo continuar.
Las pistas nunca llevan a propiedades privadas, patios cerrados, obras en curso ni sectores con tránsito pesado. Tampoco se proponen consignas en lugares donde el paso de un grupo pueda incomodar a vecinos o comercios. Si una pista parece apuntar a un espacio dudoso, la lectura correcta es otra: conviene releer el sobre antes de forzar una interpretación.
Las fotos son parte del juego, pero no se retrata a personas sin su permiso. Se priorizan fachadas, carteles, árboles, baldosas, numeraciones y detalles del espacio público. Si en el encuadre aparece alguien de manera reconocible, la consigna se resuelve desde otro ángulo. Tampoco se suben imágenes a redes durante la actividad sin que el equipo lo decida.
El teléfono cumple dos funciones concretas: avisar al punto de coordinación si un equipo se retrasa o necesita ayuda, y consultar el número de contacto directo que se entrega al inicio. Fuera de eso, la resolución de las pistas pasa por observar veredas, esquinas y fachadas. La pantalla es un apoyo logístico, no la herramienta principal del recorrido.
Con tormenta fuerte, la posta se suspende y se avisa a todos los equipos por el canal de contacto. No se juega bajo lluvia intensa ni con actividad eléctrica en la zona. Si la interrupción es breve, se retoma donde quedó; si no, se reprograma la salida con el mismo equipo. La decisión la toma la coordinación, no cada grupo por su cuenta.
No. El recorrido se hace caminando, se cruza en esquinas habilitadas y no se sube a muros, monumentos ni rejas. La cacería no es una prueba física ni una competencia de resistencia: el desafío está en leer bien las pistas y decidir en equipo. Caminar a paso firme alcanza para resolver cualquier circuito dentro del tiempo previsto.